La historia de El Búho Invisible

La primera vez que mi padre me dio una cámara y un carrete fue en el pequeño zoo que hay en la Isla de la Magdalena de Santander. No sé si fue la cámara o los animalitos que allí había, que yo no solía ver habitualmente. Sí sé que estaba emocionada, me acuerdo de esa ilusión de niña que hace algo nuevo e interesante. No pude evitar dejarme llevar por la curiosidad y mi padre tuvo que pagar el revelado de un carrete entero de fotos de pingüinos.

Entonces no sabía que dedicaría mis propinas a comprarme la primera réflex que tuve (analógica), que revelaría mis fotos en el laboratorio del instituto, que después me haría veterinaria y trabajaría de becaria en investigación sobre genética.

Que viajaría por el mundo, por estudios, y por placer. Y que esos viajes, acompañada de mi cámara, me harían volver a sentir la emoción de mirar a través del visor y de llevarme conmigo un pedacito de cada experiencia. Así que volví a estudiar, pero esta vez, Fotografía Artística, con más ilusión que todo lo anterior.

Y, al fin, volví a mi esencia de niña de ojos grandes y curiosos, algo tímida, sí, pero fascinada por el mundo y las personas que viven en él.

Al poco tiempo, fui madre y aprendí también a mirar de otra forma, a dejarme sorprender por la vida que fluye, a veces muy despacio, y otras, ¡tan deprisa!. A respetar los ritmos de cada uno, y a saber ver los momentos mágicos en lo pequeño.

Cuando hago fotografías de una pareja, familia o de un grupo de amigos, me gusta mirar su vida desde dentro, conocerles, acompañarles. Disfruto mirando y fotografiando a la gente tal y como es, espontánea, incluso caótica, y ponerle un punto de mi propia mirada.

Así surge mi proyecto “El Búho Invisible”, una fotografía para esos momentos de todos los días (o de días especiales) que gustaría revivir, ambientes reales y gestos y miradas auténticos. Imágenes que sean capaces de transportar a las emociones y a las historias vividas, que es lo que de verdad nos gustaría poder guardar siempre, ¿no?. Un tesoro en dos dimensiones.

Camino Latorre, El Búho Invisible.